Sweet & Sour: yogures-y-quesos
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lunes, 10 de febrero de 2014

SOPA DE CEBOLLA "a la francesa", "SOUPE À L´OGNION"


Ohh La La¡¡¡ Ç´magnifique¡¡¡ Hoy nos vamos directos a París en un viaje gastonómico, con la exquisita "Soupe à l´ognion" en nuestros platos. Con los fríos que estamos sufriendo últimamente, esta tradicional sopa francesa, llenará de sabor y calor, una buena comida o cena.

La sopa de cebolla gratinada, es no hay duda Lionesa, de Lyon, pero ha conseguido tener valor simbólico en la vida noctambula de los parisinos del distrito de Les Halles. De hecho hubo un tiempo en que la cebolla era una especialidad de los hortelanos de la región Norte de París, y se encontraba de este modo en los mercados, antes de que pasara  a enriquecer, junto con el queso, los gratinados servidos en los bistrots de la vecindad.



Sopa sencilla, sobre la base de unas cebollas doradas ligera y lentamente en mantequilla (nunca aceite de oliva), un caldo de pollo y un buen queso sobre una rebanada gruesa de pan tostado. A gratinar y listo para disfrutar. Receta del maestro francés Joel Robuchon.

Una sopa cremosa y untuosa, en la que en cada cucharada que te llevas a la boca, tiene el punto ligeramente dulce de la cebolla cuidadosamente dorada en mantequilla, junto a un pan embebido en caldo y queso gratinado... Absolutamente deliciosa.


Os aconsejo utilizar queso Comté, mas fino que el Gruyer o el Emmental, por los que también lo podéis sustituir. Yo localicé mi queso Comté de 24 meses de curación, en "La Petite Fromagerie", reino del queso donde los haya, del que ya os hablé cuando preparamos el "Tartiflette",  y que tenemos la suerte de tenerlo en Bilbao.


Sentaos cómodos, preparad la cuchara, un buen vino, y trasladaos mentalmente a un bistrot parisino, acompañados de la voz quebrada de Edith Piaf  en su "Non, je ne renegrette rien", que vamos con la receta:


INGREDIENTES: (Para 4 raciones)

- 500 gr. de cebollas dulces peladas y limpias, cortadas en aros muy finos.
- 75 gr. de mantequilla.
- 1 litro de caldo de pollo a ser posible casero.
- 4-6 rebanadas  mas bien gruesas, de pan rústico del día anterior.
- 150 gr. de queso Comté (Gruyer o Emental también sirven)
Sal y pimienta recién molida.
4 cuencos refractarios aptos para el horno.

PREPARACIÓN:

Pelamos  lavamos las cebollas y las cortamos en rodajas finas.


En una cocotte amplia ponemos la mantequilla a derretir y cuando se haya derretido añadimos las cebollas. Dejamos dorar a fuego medio-alto durante 30 minutos al menos, removiendo constantemente.

Añadimos el caldo de pollo, mezclamos bien y dejamos cocer por espacio de unos 15 minutos a fuego suave y removiendo de vez en cuando.

Entre tanto tostamos las rebanadas de pan, y rallamos el queso.


Precalentamos el horno para gratinar. 

Cuando la sopa esté cocinada, salpimentamos al gusto, con cuidado de no añadir demasiada sal, pues el queso sin ser especialmente salado le aporta ya un punto. 

Repartimos en 4 cuencos refractarios, procurando que caiga en cada uno cebolla.

 

Añadimos queso rallado sobre cada sopa, colocamos una o dos rebanadas de pan sobre el queso y cubrimos con mas queso rallado.


Gratinamos en el horno durante 4 o 5 minutos, o hasta que veamos que el queso se derrite y toma un color dorado.

Servimos de inmediato.

   
Consejos:

-Esta sopa se preparar con mantequilla, siguiendo la tradición gastronómica francesa. No añadáis aceite de oliva o el resultado no será igual. Será otra sopa de cebolla, pero no la tradicional francesa.

- Hay quien añade 1 cucharada rasa de harina sobre las cebollas justo antes de incorporar el caldo. A mi parecer, la cebolla y el queso con el pan embebido en la sopa, dan a esta sopa suficiente cuerpo como para tener que engordarla con harina.

- Joel Robuchon indica que las rebanadas de pan deben ser finas, pero yo con las rebanadas finas tengo la experiencia de no aguantar bien el queso y el gratinado. Vosotros elegís.

A disfrutar.

VIRGINIA.

lunes, 9 de diciembre de 2013

CROQUETAS DE IDIAZABAL CON CRUJIENTE DE AVELLANA


¿Quien dijo que los Ferrero Rocher solo eran para la mesa de los invitados de Isabel? Pues nada mas lejos, que se creía Isabel y todo el séquito de esa marca comercial...., también nosotros podemos tener este plato en la nuestra, y por muy poquito dinero. 

Y no no se trata de esos bombones aunque a la vista bien pudiera pasar por un trampantojo. Se trata de una #RecetasSolidariasPara Navidad", unas croquetas de Idiazabal con cobertura crujiente de avellana que están para empezar y no parar. Una receta de esas que por muy poquito dinero pueden presentarse en nuestra mesa navideña. Tienen un sabor increíble, un relleno cremoso que se deshace en la boca y que contrasta a la perfección con el exterior de avellana crujiente, que con su punto aromático le va al queso que ni pintado y que le aporta un punto de textura "cruchy". Además como veis unas simples croquetas pueden engalanarse para acompañar nuestras viandas como debe ser en estas fechas. Ya veis que para vestir nuestra mesa en Navidad, no hace falta tirar la casa por la ventana para quedar como Reyes.


Por cierto, que sepáis que no es que haya puesto esta recetas tan solo para participar en este evento. Que va, en mi casa, y desde que mi hija era pequeña, las croquetas son también parte del picoteo de las Navidades. Y tiene su razón de ser. Cuando los niños son pequeños, no aprecian muchas de las cosas ricas que ponemos en la mesa, su paladar aun no está acostumbrado a ellas, así que las croquetas, que con las calorías que llevan entre la masa y la fritura las preparamos no tan a menudo como nos gustaría, son el plato especial que cumple la misión de tenerlos entretenidos y de que se sienten en la mesa a cenar con ilusión. Vamos que desde entonces son un ineludible. Eso si, que glamour y sabor no les falte.

Así que con esta receta, tan económica y tan engalanada, participo en el proyecto de "Recetas Solidarias para Navidad". Que a nadie le falte la ilusión en la mesa, y ya veis que por cuartos no va a ser.

Vamos con la receta que es muy sencilla, ¿os animáis?:


INGREDIENTES: (Para unas 40 croquetas)

- 100 gr. de mantequilla.
- 50 gr. de aceite de oliva.
- 1 cebolleta fresca.
- 170 gr. de harina de repostería. 
- 800 gr. de leche entera.
- 220 gr. de queso Idiazabal curado y de sabor intenso.
- Sal y pimienta recién molidas. 

Para el rebozado y la fritura:

- 4 huevos medianos.
- Pan rallado.
- Harina.
- Avellanas tostadas recién picadas muy fino.
- Aceite de oliva para freír.

PREPARACIÓN:

Si optamos por el método tradicional:

Rallamos el queso. Reservamos.

En una sartén amplia, ponemos a calentar la mantequilla, que le dará sabor a esta preparación y el aceite, que impedirá a su vez que la mantequilla se nos queme.


Cuando estén calientes, ponemos a sofreír a fuego medio la cebolla muy picadita y a reglón seguido añadimos el jamón. Queremos que el jamón de sabor a nuestra grasa, que es la base del "roux", y la impregne de sus aromas, así que tiene que sofreirse ligeramente, sin tostarse.
Cuando hayamos conseguido ese punto, que no nos llevará mas de 3 minutos, añadimos la harina y revolvemos bien, para que se tueste por igual, pierda el sabor a cruda y se aromatice con la grasa. A continuación añadimos la leche tibia, poco a poco y removiendo continuamente con un batidor de bola, para que no se nos formen grumos. 

Este es un detalle fundamental en la elaboración de las croquetas. La leche debe estar al menos, tibia, cuando la añadimos a nuestra preparación

Añadimos el queso rallado y mezclamos bien. Dejamos cocinar a fuego medio bajo, revolviendo continuamente, hasta que nuestra bechamel haya alcanzado el punto de textura buscado. Eso nos llevará otros 10 minutos mas o menos. Tened en cuenta que la bechamel al enfriar espesa y se endurece. 

Añadimos la nuez moscada, la pimienta y rectificamos el punto de sal, pues el queso ya es salado de por si y le otorga un puntito.

Dejamos entibiar y llevamos la masa a una fuente ligeramente humedecida para que no se nos pegue o como yo hago desde que tengo Thx, introducimos en una manga pastelera, es un sistema mucho mas limpio que el tradicional. Llevamos a la nevera, al menos 8 horas.




Si optamos por prepararlas con Thermomix:

Rallamos el queso. Unos segundos velocidad progresiva 5-10, según la dureza de nuestro queso. Sacamos y reservamos.

Sin limpiar, vertemos en el vaso, el aceite y la mantequilla. Programamos 3 minutos, temperatura varoma, velocidad 4.

Añadimos la cebolla y programamos otros 3 minutos, temperatura varoma, velocidad 4.

Añadimos la harina y programamos 3 minutos, 100º, velocidad 2.

Incorporamos la leche, y el queso rallado, la nuez moscada y la pimienta. Mezclamos 10 segundos, velocidad 6.

Programamos 7 minutos, temperatura Varoma, velocidad 4.

Dejamos reposar unos minutos y comprobamos el punto de sal, rectificando si es necesario. Mezclamos con la espátula.

Vertemos en la manga pastelera o en la fuente humedecida y llevamos al frigorífico por espacio de al  menos 8 horas. 


Cuando nuestra masa de croquetas esté lista. Preparamos una  fuente baja y amplia con harina y vamos dando forma a las croquetas. Si la hemos introducido en manga pastelera, hacemos un corte como de 2 cm en la boca de la manga, y vamos haciendo tiras de masa, que enharinamos y vamos cortando al gusto. En mi caso estas de queso las doy forma de bola.

Pasamos por huevo batido y posteriormente por pan rallado. En este punto se pueden congelar en bolsas de congelación o en un tupper. Volvemos a pasar por el huevo batido y ahora por las avellanas picaditas hasta que quede toda la superficie cubierta.

Freímos en abundante aceite caliente. A mi para las croquetas me gusta hacerlo en freidora o en una sartén honda. Quedan mucho mas crujientes.

Vamos sacamos sobre papel absorbente para que absorba el exceso de grasa.

Servimos rápidamente para que no se nos enfríen. Están mucho mas ricas calentitas y recién hechas.

A disfrutar.

VIRGINIA 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

PUMPKIN CHEESECAKE o CHEESECAKE DE POTIMARRON TOSTADA AL CARAMELO



Huele a Otoño.... todo se torna en colores tierras y naranjas.

La luz se ha hecho mas tenue, mas gris, y el calor, al menos por aquí arriba, nos ha abandonado creo yo que definitivamente. Ese veranillo de San Miguel que ha resultado de lo mas duradero e intenso este año, ha escapado de forma repentina, y la consecuencia mas inmediata se deja ver ya en los árboles, que tardiamente, han comenzado a  perder sus hojas en una forma de protegerse contra los fríos mas intensos que están por llegar.

El otoño es casi una de mis estaciones del año favoritas, de recogimiento, de melancolía, de colores cálidos cargados de matices. Y sobre todo de frutos densos e intensos, como las castañas, las nueces frescas, la calabaza, las setas... Esos frutos que han recogido en us interior lo mejor del verano.

Así que aquí estoy con mi primera receta de calabaza de la temporada. Es una receta que llevo repitiendo año tras año desde que la descubrí, pero por una cosa u otra aun no había publicado.

En este caso he utilizado la variedad potimarron, una variedad muy utilizada en nuestro país vecino, Francia, y que tiene como particularidad una pulpa mas seca, pero con una textura mas suave y un sabor exquisito, con cierto aire a castañas que a mi personalmente me enloquece. De hecho "marron" en francés significa "castaña", de ahí su nombre.


Es originaria esta variedad de la isla de Hokkaïdo en Japón. Sus semillas se introdujeron en Occidente allá por el año 1957 y se adaptaron muy bien a nuestro clima. Como os digo los Franceses la utilizan y mucho.

Aquí es mas difícil de conseguir, pero yo la tengo gracias mi amiga Flori, "Siempre es Otoño en Lauaxeta" y a su maravillosa huerta.

¿De qué receta se trata? Pues ni mas ni  menos que de un cheesecake, pero una cheesecake en toda regla, con sabor a cheesecake, nada de una cheesecake que acaba sabiendo a tarta de calabaza con nuez moscada y demás especias.  En este caso la calabaza no se cuece, ni se asa, se tuesta en la sartén, caramelizándola con un poco de mantequilla y azúcar. Absolutamente delicioso el resultado¡¡¡

La receta está basada en una receta del británico Gordon Ramsay, que encontré en su libro "Desserts" y que hace unos tres años me autoregalé por mi cumpleaños.

He hecho unos pocos cambios. 

Ramsay proponía una base de bizcocho “sponge base”, que a mi personalmente, y con todos los respetos para este grandisimo cocinero, para una chessecake me parece muy desafortunada. Como me apetecía darle a la base un toque otoñal, acorde con el sabor acastañado de la potimarron, añadí en este caso a las galletas trituradas unas nueces frescas.

También he probado en otras ocasiones esta cheesecake con una base de masa quebrada azucarada, en concreto la que utilizamos en la Tarta Normanda, y para mi gusto ha resultado también excepcional. Es cierto que queda mas húmeda que en la tarta Normanda pero le va a las mil maravillas. Ya sabéis, aquí cada uno puede optar por lo que mas le apetezca.

Ramsay también proponía usar queso mascarpone, pero yo le puse queso crema, para mi gusto le da mas sabor a chessecake. El mascarpone, con menos sabor, lo reservo para otras preparaciones como el tiramisú.


Es una chessecake muy suave y delicada, porque se sustituye parte del queso crema por la calabaza y con ello también se reducen el número de calorías y colesterol, sin que pierda sabor. Además en esta chessecake lejos de no meter aire en la mezcla, se montan las claras, y con ello se consigue una textura mas suave y delicada, pero sin perder un ápice de sabor.

Vamos con  la receta, que como os digo en esta ocasión la he preparado con la variedad Potimarron, pero que suelo hacerla habitualmente con la variedad buttenut o tambien conocida como calabaza cacahuete, que es sabrosísima para mi gusto. No os aconsejo prepararla con la calabaza vasca, pues resulta mas fibrosa y mas insulsa de sabor al paladar.


INGREDIENTES.

Para un molde de unos 23 cm por 5 cm de alto. Con las cantidades de esta receta se pueden preparar también 12 mini-cheesecakes y un cheesecake individual de 16 cm.


Para la base:

- 200 gr. de galletas Digestive.
- 100 gr. de nueces trituradas.
- 2 Cucharadas de azúcar moreno.
- 100 gr. de mantequilla derretida.

Para el Cheesecake

- 700 gr de calabaza Potimarron o butternut con cascara, (No os asustéis luego se pela).
- 50 gr de mantequilla
- 100 gr de caster sugar o light brown sugar (fue mi caso).
- 200 gr de queso crema philadelphia.
- 195 ml de creme fraiche, o 125 de creme fraiche y 70 ml de sour cream.
- 1 ts de extracto de vainilla o las semillas de dos vainas.
- 2 huevos grandes, separadas claras y yemas.

PREPARACIÓN:

Vamos pues con la tarta, preparando en primer lugar el puré de calabaza



Para ello pelamos y cortamos la calabaza en cuadraditos pequeños, retirando las semillas. 

Calentamos en una sartén grande la mantequilla, añadimos la calabaza y la regamos con 25 gr de azúcar. Lo asamos durante unos 10-15 minutos hasta que este suave. 

Es muy importante que toda la calabaza se tueste e impregne del sabor de la mantequilla y el azúcar que se va caramelizando, ya que luego le dará un sabor impresionante a la chessecake. 

Dejamos templar y pasamos por la batidora haciendo un puré. 

Si esto lo hacemos el día anterior y lo reservamos en la nevera, como yo hice, el sabor se concentra y acentúa.


Al día siguiente comenzamos preparando nuestra base:

Trituramos las galletas con las nueces y añadimos el azúcar mezclando bien. Añadimos entonces la mantequilla derretida y procuramos impregnar con ella bien todas las migas.

Cubrimos las bases de los moldes y apretamos bien con una cuchara para igualar y que quede compacta. Llevamos a la nevera mientras preparamos el relleno.
Lista nuestra base, precalentamos el horno a 160ºC calor arriba y abajo y con un recipiente con agua caliente en el fondo.

Preparamos nuestros moldes engrasándolos bien y cubriendo las bases con papel de hornear.

 
Entre tanto vamos preparando la crema del chessecake.


Con el accesorio de pala de la KA a velocidad baja, o simplemente con una cuchara de palo, mezclamos el queso crema, la creme fraiche y/o sour creme, hasta que sea una crema homogénea pero sin introducir aire. 

Añadimos 50 gr de azúcar, y seguimos batiendo a velocidad media, añadimos el extracto de vainilla y las dos yemas, de una en una. Añadimos el puré de calabaza y removemos hasta integrar.

Por otro lado y con el accesorio globo o las varillas, batimos las claras, hasta que formen picos suaves, gradualmente añadimos los 25 gr restantes de azúcar, continuando batiendo hasta “casi” obtener el punto de nieve.

Integramos las claras levantadas en tres veces en la mezcla de queso y calabaza.

Vertemos el contenido de esta crema, sobre nuestras bases e introducimos en el horno precalentado a 160ºC durante aproximadamente 40-50 minutos, hasta que percibamos que la masa esta ligeramente firme en la parte superior, pero aun tiembla. A mi no me gusta cocerla en exceso.

Apagamos el horno, entreabrimos la puerta y dejamos enfriar completamente. Sacamos del horno, y una vez fría cubrimos y llevamos toda la noche a la nevera.

Sacamos del frigorífico una media hora antes de servir. Antes de desmoldar pasamos un cuchillo por todo el cerco para evitar que se rompa. En el momento de servir espolvoreamos con icing sugar.


Servimos tibio o frío acompañado de nata fresca. Una delicia cremosa y suave, con la que podemos deleitarnos sin demasiados remordimientos y que vale la pena que preparéis, si os gustan los cheesecakes y la calabaza.

 Quizás os interesen:

- New York cheese cake en version "mini"
- Cheesecake de chocolate blanco y frambuesas.  
- Petit-Pots de Cheesecake de Coco y Azúcar de Palma con Caramelo Salado.

A disfrutar.

VIRGINIA.

lunes, 4 de noviembre de 2013

COSTRINI DE ROQUEFORT, NUECES Y PERA.


Hoy os traemos una receta absolutamente deliciosa, y un tanto otoñal, que os servirá bien como entrante una vez sentados en la mesa, o como aperitivo para picar mientras esperamos para sentarnos acompañado de un buen vino blanco frío. La música de fondo, la conversación y la compañía la dejo a vuestra elección, faltaría mas¡¡¡¡

Se trata de un dip de roquefort y nueces, acompañado de unas chips crujientes de pera fresca, sobre unos costrinis de pan de semillas. Lo dicho absolutamente delicioso y rapidísimo. Lo preparareis en un abrir y cerrar de ojos, pero se terminará con la misma rapidez, y quedareis como unos perfectos anfitriones.



El punto sabroso del queso roquefort con el toque crujiente de las nueces y el contrapunto dulce y fresco de la pera convierten este sencillo plato en algo especial. No resulta en absoluto fuerte, ya que la nata rebaja un poco la intensidad del Roquefort y la pera le da el contrapunto dulce. Probadlo y me contais. La receta, una de las que ofrece Alain Coumont en su panadería belga de "Le Pain Quotidien"

Vamos con la receta que es de lo mas sencilla.


INGREDIENTES: (Para 8 raciones)


- 8 rebanadas de pan ácido de semillas del día anterior.
- 2 peras duras Conferencia, Williams o Bartler.

Para el Dip:

- 100 gr. de queso Roquefort.
- 3 Cucharadas de Nueces troceadas.
- 5 Cucharadas de Crema ligera de cocinar.
- 1 Cucharda de Cebollito picado.
- Pimienta negra.

PREPARACIÓN:

Comenzamos preparando el dip de roquefort y nueces, para que le de tiempo a ganar frío.



 Pelamos y picamos las nueces en pedacitos pequeños.


Troceamos el queso con la mano, añadimos la crema ligera y las nueces y mezclamos bien todo con un tenedor hasta obtener una crema homogenea. 

Añadimos entonces el cebollino picado y un golpe de pimienta negra. 


Llevamos a un recipiente y de ahí a la nevera hasta el momento de servir.

Momentos ants de servir, cortamos el pan en rebanadas muy finas, para lo que es mejor que el pan sea del día anterior al menos.


Cada rebanadas la cortamos en 2 en forma diagonal y la tostamos hasta que esté crujiente y ligeramente dorada.

La pera la lavamos bien, la partimos en dos y la descorazonamos. Partimos rodajas muy finas, del grosor de los costrini.


Servimos la dip en pequeños ramequines, acompañado de costrinis y las láminas de pera, para que cada uno se sirva lo que quiera.


Se trata de un aperitivo riquísimo y sencillo, que acompañado de un buen vino blanco fresco resulta ideal.

Consejos:

- No dejeis de añadir la nata, es el elemento que le da textura a la crema, sirve de aglutinante del resto de ingredientes y suaviza la fortaleza del roquefort.

- Las peras tienen que ser duras para que resulten crujientes, pero tambien han de ser dulces, para conseguir el mejor contraste salado-dulce. 

- Os puede servir para los costrinis un pan de pasas, pero si lleva nueces no podréis rebanarlo tan delgado y además resultarán demasiadas nueces.

A disfrutar.

VIRGINIA.

viernes, 1 de noviembre de 2013

BUÑUELOS DE VIENTO, para todos los Santos


En los últimos años estamos invadidos por las tradiciones americanas en la celebración del día de Todos los Santos. Y no es que no me gusten, se que cuando tienes hijos pequeños son lo mas de lo mas, y yo las he disfrutado mucho. Pero personalmente me quedo con nuestras tradiciones de siempre, esas que me traen recuerdos de los que se han ido y me llenan el alma de una alegría meláncolica un tanto agridulce a veces.

Dentro de esas traciones, una de las recetas de repostería típicas de la festividad de Todos los Santos, son los buñuelos de viento. Los Buñuelos de Viento, junto a los huesitos de Santo, que para mi gusto son empalagosísimos, son los dulces típicos de estas fechas. 

Los buñuelos de viento, se trata de una preparación de masa con el procedimiento de la masa tipo choux, que en lugar de hornearse se fríe. Se trata de bolas de masa elaboradas con harina de trigo, un poco de mantequilla y huevos, que resultan especialmente ligeras, ya que al freírse en aceite muy caliente llegan a doblar su volumen. Si comen tal cual salen de la sartén y se dejan vacíos serán lo que conocemos por buñuelos de viento, pero tambien se suelen rellenar de nata, crema y trufa.

Su origen se remonta a la época sefardí, allá por el siglo X en que por los judíos que habitaban la península ibérica, para la festividad de la Janucá judía, se preparaban unos bollos de masa frita a la que se denominaba Binuelos

Posteriormente la tradición cristiana los heredó para su festividad de Todos Los Santos, hasta hoy.

Hoy en día se les añade habitualmente un gasificante, aunque antiguamente se preparaban sin el, y vienen a ser bolitas finales de unos 3 cm que han crecido hasta duplicar su volumen cuando se han sumergido en aceite caliente. Eso si, la temperatura del aceite es crucial, pues o se pueden dorar demasiado rápido sin que se hagan por dentro, quedándose con una especie de gabardina que les impide crecer si el aceite está muy caliente, o tardar mucho en dorarse, absorbiendo gran cantidad de aceite, al encontrarse el aceite a temperatura demasiado baja.

Vamos con la receta que es sencilla.


INGREDIENTES:(Para unos 20-22 buñuelos)

- 150 ml de agua.
- 75 ml de leche entera.
- 1 1/2 Cucharadas de azúcar blanquilla
- 1/2 cucharadita de sal.
- 25 gr. de mantequilla.
- 150 gr. de harina todo uso.
- 5 gr. de leudante (Royal)
- 2 huevos medianos.
- Aceite para freír (oliva suave o girasol).

Para decorar:
- Azúcar glass
- Azúcar blanquilla y canela

Para el relleno:


PREPARACIÓN:
 
1.- Tamizamos la harina y el gasificante y reservamos.

2.- Ponemos al fuego en un cazo mediano el agua, la leche, el azucar, la sal y la mantequilla. 

3.- Cuando comience el hervor, dejamos un par de minutitos y añadimos de golpe la harina con el leudante tamizados que teníamos reservados.

4.- Con una cuchara de madera trabajamos esta masa hasta que toda la harina se incorpora y queda una bola de masa lisa y brillante que se despega de las paredes del cazo. Tranquilos, vais a hacer brazo, esto cuesta.

Es fundamental que la bola de masa quede sin grumos, y lo mas seca posible pues de eso dependerá la ligereza de nuestros buñuelos.

Si es preciso lo volvemos al fuego al mínimo para ayudar a trabajar la masa y que se seque bien.


5.- Añadimos los huevos, uno a uno, de forma que no añadimos el segundo hasta que la masa haya absorbido totalmente el primero. Cuesta un poco que la masa absorba los huevos, paciencia y buen brazo. No nos tiene que quedar una masa demasiado floja, pues si nos queda demasiado floja, los buñuelos una vez fritos se encojen. Tampoco nos tiene que quedar una masa demasiado dura pues los buñuelos nos saldrán mas toscos. Yo he añadido dos huevos medianos, pero incluso hubiera admitido un tercero, o quizás al menos medio. 

Al final de este proceso la masa será mas cremosita, que la bola inicial.

6.- Ponemos una sartén al fuego con abundante aceite. Dejamos que el aceite no se caliente en exceso, yo lo puse a unos 165-170ºC. Este paso es crucial, pues si está muy caliente, los buñuelos quedarán recubiertos de una especie de gabardina que les impedirá crecer y ahuecarse, se nos dorarán muy rápido pero quedarán crudos en el interior. Recordad que es una masa y los buñuelos han de cocerse por dentro y darles tiempo a que se hinchen y se vuelvan un tanto huecos y ligeros.

7.- Con una cucharilla y ayudados de vuestro dedo o de otra cucharilla, vamos cogiendo bolitas de masa del tamaño de una nuez, y las depositamos en el aceite. No rellenaremos en exceso la sartén, pues la temperatura del aceite baja y no dejaremos espacio a los buñuelos para que crezcan y bailen.

Veréis que van creciendo, y se dan generalmente la vuelta solos, sino ir ayudándoles vosotros para que se doren por igual por todos los lados. Este paso lleva un tiempito, no es como en los donuts que se frien rapidito.

8.- Sacarlos sobre papel absorbente cuando veáis que están bien doraditos, no requemaos ehhh¡¡¡

9.- Una vez fríos, si no los queremos rellenar, los cubrimos con azúcar blanquilla y canela.


10.- Si los vamos a rellenar (yano serán de viento, sino rellenos), les hacemos un pequeño corte con una tijera y los rellenamos de nata montada con ayuda de una manga pastelera. Espolvoreamos con azúcar glass para terminar de decorarlos. 

Ojo, solo rellenar la cantidad justa para consumir, ya que si se quedan rellenos durante mucho tiempo, tienden a reblandecerse.



Servimos como postre o como merienda en esa reunión familiar o de amigos de estas fechas, acompañando de un buen café, té o chocolate si es un día frío. Volarán... 

A disfrutar.

VIRGINIA.

jueves, 17 de octubre de 2013

TARTIFLETTE SAVOYARDE.


Uno de los platos mas deseados¡¡¡¡ Lo he comido habitualmente en Francia, cuando vamos a esquiar, y cierto es que con esos fríos y las calorías que consumes esquiando viene que ni pintado para evitar los remordimientos de un plato tan calórico. Desde luego no hay tanto remordimiento como preparado y degustado en casa, con una temperatura aun ciertamente agradable. Pero es que no podía esperar para prepararlo a que llegasen los fríos invernales.

Tenía buenísimas patatas de las que me hicieron llegar los chicos de Frusangar, y un queso Reblochon de quitarse el sombrero que compré en una tienda de quesos de Bilbao, "La Petit Fromagerie", donde tienen una variedad de quesos extraordinaria y una calidad a la misma par, además de una mantequilla también Francesa preparada con leche de vaca cruda.... No os cuento mas.

Ya se que tod@s adivináis de que plato estamos hablando. El famoso Tartiflette Savoyarde. Un plato preparado con queso Reblochon y patatas cocidas, típico de la región de Saboya y Alta Saboya. Su nombre procede de tartifla, que significa patata. La receta en si, fue "patentada" en los años 80´por el Sindicato Interprofesional del Reblochon, para incrementar las ventas de este queso, y digo patentada, porque realmente el origen de la receta es mucho mas antiguo, y se remonta a un plato de la zona llamado péla (sartén en arpitano). Lo cierto es que el resultado de esa campaña en favor del consumo de este queso, fue un éxito y hoy en día este plato se conoce en todo el mundo, sintiéndose identificados los Saboyardos con él.


El queso Reblochon, es un queso francés, que como os imaginais procede de la Alta Saboya y Saboya. Su nombre viene de un término saboyardo re-blocher que significaba en el siglo XVI "agarrar la ubre de la vaca una segunda vez". La tradición dice que los agricultores del macizo hacían una primera trata para con el propietario de las vacas (como no las Abadías), y una segunda trata, una vez caída la noche, por su propia cuenta. Los campesinos evitaban así pagar un impuesto demasiado pesado, basado en la cantidad de leche producida.

Es un queso de leche de vaca de las razas Abundancia, Tarine y Montbéliarde. Su pasta es suave y su corteza limpia, con un peso por pieza de unos 450-500 gr. La corteza es de un color blanco cremoso cuando está fresco, pero puede tornarse en anaranjada- amarillo azafrán a medida que envejece. 


Su periodo de desgustación óptimo va desde Mayo a Septiembre, tras una maduración de 6/8 semanas, pero también resulta excelente entre Marzo a Diciembre. Ojo, estamos pues en fechas.

Dicen que el Reblochon tiene un gusto a avellana, que yo no acabo de encontrarle, si os soy sincera, pero si os puedo decir, así a lo bruto, que se trata de un queso a caballo entre el Camembert y el queso Brie, con una pasta mas densa y flexible.

Pero vamos con la receta, que es sencilla, cremosa y riquísima, con un pequeño toque de vino blanco que le viene que ni pintado.



INGREDIENTES: (Para 3-4 raciones de acompañamiento)

- 350 gr. de Patatas de calidad.
- 200 gr. de Panceta ahumada o lardones.
- 1 cebolla grande cortada en Juliana.
- 75 ml de nata para cocinar o Leche evaporada (mas light).
- 75 ml de vino blanco.
- Sal  y pimienta recién molida.
- Granos de pimienta negra.
- Mantequilla para engrasar el molde.
- Aceite de oliva virgen extra.
- 1/2 queso Reblochon (250 gr. aprox)

PREPARACIÓN:

Preparamos nuestro recipiente y lo engrasamos bien con mantequilla.

Precalentamos el horno a 200ºC, función solo grill.

Ponemos a cocer nuestras patatas con piel en agua a temperatura ambiente. Se trata de patatas nuevas, así que debemos comenzar a cocer introduciendo las patatas directamente en el agua de cocción. Si se tratase de patatas viejas, las introduciríamos en el agua ya hirviendo.

Cuando el agua hierva añadimos la sal y unos granos de pimienta para aromatizarlas. Bajamos el fuego para que el borbotoneo no rompa las patatas. Las extraemos cuando puedan ser fácilmente atravesadas con una brocheta.

Las pelamos y las cortamos rodajas como de medio centímetro. Para mi gusto no mas, quedan de lo contrario demasiado bastas.

Las acomodamos sobre la base de nuestra fuente previamente engrasada. Que queden prietitas.


Preparamos las cebollas. Las ponemos en una sartén a pochar con una cucharadita de aceite, que pochen pero que cojan un poco de color dorado. Cuando estén a medio hacer, añadimos la panceta ahumada cortada en cuadraditos. Subimos un poco el fuego y dejamos que se dore ligeramente y que se haga todo el conjunto unos 10 minutos, para que los sabores se amalgamen. Salpimentamos el conjunto, con cuidado de no sobresalar. El queso aunque no muy salado, le aportará también un toque.

Una vez listo, añadimos esta mezcla sobre nuestras patatas y extendemos bien, cuidando de que quede bien repartido. Tambien podemos hacerlo en dos capas. Una de patata, otra de cebolla y bacon y repetir la operación. Creo que el conjunto quedaría mejor repartido. Pero en gustos.


Añadimos la nata y el vino blanco sobre la preparación.


Ahora es el turno del protagonista, nuestro Reblochon. Cortamos la pieza de queso por la mitad, y a su vez esa mitad la cortamos horizontalmente en dos mitades, de forma que nos queden dos piezas de queso, cada una con su corteza. En este plato, la corteza no se retira, ya veréis que le da una gracia y un toquecito, y para mi gusto está de lo mas sabrosa.


Colocamos cada pieza sobre la cama de cebolla con la corteza hacia arriba.


Llevamos al horno precalentado, y colocamos en el tercio superior. Gratinamos 12-15 minutos, hasta que el queso se funda y coja un color dorado. Ojo, no achicharrado, que amargaría.


Servimos caliente, pero tras unos 5 minutos de reposo, para dar tiempo a la nata y al vino a densificarse un poco, pero sin dejar que el queso se enfrié, para que podamos degustarlo bien cremosito.

Acompañamos con algo fresco, un ensalada verde por ejemplo, para rebajar el aporte calórico y porque realmente llena bastante. De hecho en este caso lo servimos solo como gran acompañamiento de otro plato poco contundente.

Servimos con un buen vino blanco, a ser posible el que hayamos utilizado para cocinar el plato. Es recomendable utilizar un buen vino blanco de la zona de Saboya, para ser fieles al plato. Pero en mi caso lo maridé con un txakoli, que no desmereció. Al menos para mi gusto.


A disfrutar.

VIRGINIA
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