Sweet & Sour: repostería-francesa
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jueves, 16 de enero de 2014

CANNELÉ DE BORDEAUX


Como sabéis disfruto mucho preparando recetas de platos o postres tradicionales de otras latitudes, pero cuando os acerco uno de estos platos me gusta hacerlo de la forma mas fiel posible al resultado que podáis encontraros si viajais a la zona, y teneis ocasion de probarlo. Supongo que a veces será así y otras no... pero por investigación y pruebas sabéis que no queda.

Hoy os traigo un pastelito tradicional de la ciudad francesa de Burdeos, los cannelés o canelés. Se les denomina así precisamente por su forma cilíndrica, con bordes estriados o acanalados. De hecho su nombre deriva del idioma gascón canelat, que quiere decir canalón. Son acaramelados y duritos en el exterior, pero sorprendentemente cremosos y esponjosos en el interior.


Se elaboran con una crema tipo creppe a base de huevos, azúcar, leche, mantequilla y harina, que se aromatiza con ron y vainilla. Se hornean en moldes especiales de cobre cuyo interior se recubre de cera de abejas 100% natural, pero hoy en día estos moldes se encuentran también de aluminio y de silicona. El horneado se efectúa habitualmente en dos etapas, con dos temperaturas distintas en cada una, para facilitar que el caramelo que lo cubre forme una fina costra crujiente y oscura, y que el interior permanezca blando.

Existen en tres tamaños:
  • de 2 cm de alto y 17 g de peso, llamado cannelé bouchée (bocado)
  • de 3,5 cm de alto y 30 g de peso, llamado cannelé lunch (los de esta receta)
  • de 5 cm de alto y 60 g de peso, llamado cannelé gros (gordo)
Los más pequeños se sirven a menudo en cócteles o como mignardise (miniatura) para acompañar un café, y los más grandes se consumen preferentemente como postre al final de una comida.

Los canelés datan de principios del siglo XVI, cuando las monjas del convento des Annonciades de Burdeos los crearon con los ingredientes sobrantes que recuperaban: harina, azúcar, vainilla, el ron de los buques que atracaban en el puerto de la ciudad, y las yemas de huevo que sobraban en las bodegas de la región, al utilizar las claras para clarificar el vino. Repartían los cannelés entre los pobres, o los vendían. La receta fue rescatada y como no, popularizada en 1830 por un pastelero bordelés que lo convirtió en una especialidad de la ciudad.

Son aparentemente sencillos de preparar, pero conseguir el acaramelado exterior y la cremosidad esponjosa del interior no resulta tan sencillo. Yo había probado a hacerlos sin haber probado los originales y os tengo que confesar que no me cautivaron.  Me parecieron unos pastelitos gomosos y sin gracia. Prescindibles y por tanto en mi opinión no una receta para copar un espacio en el indice de este humilde blog.


Sin embargo este verano tuve la oportunidad de probar los originales en Saint Jean Pied-Port, de la mano de un pastelero Bordelés, y que diferencia, mamma mía¡¡¡¡. 


Claro está,  no me resistí a entablar conversación con el pastelero, un hombre alto, arrubiado y con gafitas redondas, muy francés, al estilo Laurent Fignon. Le pillé cansado, al final del día, además le debí caer en gracia y... largó, vaya si largó... Me explicó que dada la ingente cantidad de cannelés que preparan al día, les resultaría imposible prepararlos con los moldes de cobre, eso de ir precalentando los moldes para encerar cada uno sería interminable, así que ellos usan los moldes de silicona, pero según comprobé "in situ", los de silicona profesional, los negros. 

Yo como véis uso los "amateurs", estos rojitos de la marca francesa "De buyer" que adquirí en la ferretería "La Bolsa", ferretería emblemática de Bilbao. No son tan chulos como los de cobre pero parece ser que sirven para el uso.




Total, mi gozo en un pozo, mi excusa para hacerme con esos preciosos moldes de cobre que cubrían las estanterías de la pastelería había dejado de existir, se había venido abajo como un castillo de naipes. La explicación además me la había ofrecido delante de mi costilla, y ya no había posibilidad de convencerle de lo contrario. Pero quien no se consuela, decía mi abuelo, es porque no quiere. El precio de estos moldecitos es bastante elevado, así que fijaos lo que en un pis-pas me había ahorrado.

Aun así no me di por vencida, e insistí. Mi siguiente pregunta fue como os podéis imaginar, "¿y quedan igual que en los moldes originales?" Me confesó que para que quede la costra de caramelo exterior colocan una pequeña cantidad de mantequilla y una cucharadita de azúcar en su interior antes de verter la crema. Voilá, no tendría los moldes, pero ya tenía el truco y la razón para poner en marcha una de mis próximas recetas.

Sin embargo, os tengo que reconocer, que a pesar de este truco, no me ha resultado sencillo, he tenido que jugar con el tiempo y temperaturas del horno varias veces para conseguir ese tostado final y la cremosidad interior. En las diferentes recetas que barajaba era tanta la diferencia de tempertaturas y tiempo que he tenido que hacer mi propio repertorio, pero aquí están. Espero que os sirvan. 

Como véis en esta imagen, estos cannelés horneados durante casi 1 hora y a mucha menor temperatura (180ºC), a pesar de incluir la cucharadita de azúcar, prácticamente no se han caramelizado, quedaron todos blancurrios y blanditos en el exterior...


Para estos cannelés he seguido básicamente la receta de la famosa pastelería-escuela de París Lenôtre. El pastelero de marras, estaría cansado, pero no era tan tonto como para darme su receta. Si bien he de reconocer que no llegué siquiera a insinuarle que me la diera. Una es lanzada, pero no tanto.

Y no me extiendo mas con historias, manos a la masa, que el horno nos espera:


INGREDIENTES: (Para 16 cannelés "lunch" de aprox 30 gr. c/u)

- 250 gr. de leche entera.
- 25 gr. de mantequilla.
- 25 gr. de yemas de huevo.
- 15 gr. de huevo entero.
- 125 gr. de azúcar
- 75 gr. de harina de repostería 
- 8 gr. de ron de calidad.
- 1/4 de vaina de vainilla o 1 Tsp de polvo de vainilla.
- ralladura de limón.

Azúcar y mantequilla derretida para recubrir los moldes.

PREPARACIÓN:

Calentamos la leche con la mantequilla, la vaina de vainilla abierta por la mitad y extraídas sus semillas, y la ralladura de limón, hasta que comience a hervir. Retiramos y reservamos.


En un bowl mediano, mezclamos, pero sin batir, las yemas, los huevos, y el azúcar. Debemos obtener una pasta amarilla.

Añadimos a esta mezcla, poco a poco la leche, mientras revolvemos la preparación para que no se nos coagulen los huevos. 

Añadimos entoncesla harina tamizada, procurando que todos los ingredientes se mezclen y quede una crema homogenea tipo creppe.

Cubrimos con papel film, adherido directamente a la propia crema para que no nos salga la pielecilla famosa, y a la nevera 24 horas, pero nunca mas de 48 horas.

Transcurrido este tiempo, precalentamos el horno a 230ºC, calor arriba y abajo, con la bandeja que vayamos a utilizar en el interior.

Cubrimos los moldes con mantequilla derretida y algo mas de una cucharadita de azúcar, procurando que el azúcar no solo cubra el fondo, sino que se nos adhiera también a las paredes de cada molde.

 
Rellenamos cada molde con la crema, hasta las 3/4 partes y llevamos al horno.


Horneamos 5 minutos a 230ºC y otros 45-50 minutos a 200ºC, hasta que veamos que están muy tostados y oscuros.

A mitad de cocción rotamos la bandeja 180'ºC, o de lo contrario unos pastelitos saldrán mas oscuros que otros, como a mi me ocurrió, que se me olvidó voltear la bandeja en esta ocasión, tan pendiente de los tiempos y temperaturas.

Eso si durante el horneado comprobaréis que los pastelillos crecen conservando la forma y rebasando el molde, para posteriormente volver a su tamaño normal. Es casi magia.

Listos nuestros cannelés, sacamos del horno, dejamos unos 5 minutos en el molde y volcamos sobre una rejilla hasta su total enfriamiento.

  
Degustamos a medida tarde con una taza de café o té. Están deliciosos con esa capita crujiente y acaramelada de su exterior y la crema esponjosa en su interior. A mi me recuerdan un poco en el sabor y en la textura de la crema, a los pasteles de arroz de Bilbao...

Consejos:

- Aunque os resulte pesado, pesar los huevos, (valga la redundancia), os aconsejo hacerlo. Un exceso de liquido modifica la textura de la crema, y da como resultado una crema mas pesada y menos esponjosa.

- No batáis los ingredientes, tan solo mezclarlos con el batidor de globo, o de lo contrario se desarrollará el gluten y obtendréis una crema llena de cavidades, en lugar de un interior esponjoso.

- Una vez horneados, dejadlos no mas de 4-5 minutos en sus moldes antes de extraerlos. La crema es muy delicada y si los extraemos demasiado calientes, se romperán y dejaremos parte del cannelé en adherido al interior del molde. A mi me con las prisas me ocurrió en parte.

- Cuando los saquéis del molde y los depositéis en la rejilla enfriadora, tened cuidado pues aun están blandos y se pueden deformar.

- Estos pastelillos es aconsejable consumirlos en el día para que conserven todas sus propiedades. A medida que pasa el tiempo, la humedad del interior tiende a reblandecer el acaramelado de su exterior.

- Lamento no tener fotos del interior, pero eran unos cannelés para regalo....

VIRGINIA

lunes, 15 de abril de 2013

MADELEINES




Ay las madeleines¡¡¡¡¡¡ Famosas las hizo el escritor Marcel Proust con su conocida novela "En busca del tiempo perdido", cuando el sabor de la madeleines acompañando una taza de te, evocaba en el narrador sentimientos nostálgicos y recuerdos sublimes. Pero sus verdaderos origenes se encuentran mucho antes, allá por el siglo XVIII en la zona de Lorrrain en el Nordeste de Francia, en concreto en la ciudad de Commercy. La historia cuenta que estos bizcochitos fueron servidos al Duque de Lorraine, y le entusiasmaron tanto que los bautizó con el nombre de Madeleine, el  nombre de la joven que las había preparado.

Las madeleins, se caracterizan precisamente por su especial forma ovalada y por el hecho de que además cuenta con uno de sus lados en una bonito forma de concha. Se trata de una masa genovesa o como dicen los americanos una "sponge cake", en castizo, una masa de bizcocho, y se diferencia de la genovesa clásica, precisamente en la forma de incorporar la mantequilla, ya que en las madeleines se incorpora derretida y tibia, en ocasiones en forma de mantequilla avellana, como en los financiers, y es lo que concede a estos bizcochitos esa textura suave y ese sabor especial.





En España tendemos a confundir las "madeleines" con nuestras "magdalenas" de toda la vida, probablemente porque al ser la masa muy similar, es de donde traiga origen nuestro nombre, castellanizando el "madeleine francés". No es que me haga mucha gracias esta reflexión, pero me temo que es así, aunque en cuanto a la masa, si bien es parecida, como os digo no es exactamente lo mismo.

De hecho las madeleines utilizan mantequilla derretida y en caliente, generalmete "beurre noisette" o lo que se conoce como "mantequilla avellana", que es lo que les da ese sabor tan especial, sin embargo nuestras magdalenas, la grasa que utilizan habitualmente es el aceite. Además nuestras magdalenas una vez incorporada la grasa se vuelven a batir como locas para conseguir ese copetillo tan mono, pero las madeleines, una vez que se incorpoa la harina y la mantequilla ya no se bate la masa, sino que se mezcla delicadamente.



La receta que hoy os traigo es la que he seguido desde un principio, y que me ha dado muy buenos resultados. El molde lo adquirí en uno de mis viajes a California, en una de las tiendas de William-Sonoma, se vino conmigo en la maleta, como tantas otras cositas. Aquí es muy dificil encontrar este molde en versión metálica,  que es como a mi me gusta, ya que la silicona da un textura un tanto gomosa en la costra de lo que horneas. Así que en cuantito lo vi en las estanterías dije: "mío" y aquí esta.

He preparado tambien la versión "mini", en este caso en molde de silicona, no me ha quedado mas remedio. Ya me pareció mucho bulto en la maleta llevarme el molde de las mini-madeleines también, porque como os digo junto a este molde iban otras cositas de bastante bulto, como el molde de Angel Cake y .... bueno no voy a seguir porque yo misma me voy a poner colorada.

La receta es sencilla, y el resultado muy, muy rico con ese sabor a mantequilla avellana y vainilla. Son jugosas y quedan de lo mas monas cuando las presentas en una merienda.



INGREDIENTES: (Para unas 22 madeleines tamaño normal  y 30 "mini".

-155 gr. de harina de repostería.
- 1/4 Tsp C/p de levadura de respostería (Royal).
- 1/4 Tsp C/p de sal.
- 2 huevos a temperatura ambiente "L" 
- 2 Yemas de huevo a temperatura ambiente "L".
- 185 gr. de azúcar.
- 1 Tsp C/p de extracto de vainilla de buena calidad.
- Ralladura de 1/2 limón.
- 125 gr. de mantequilla derretida tibia.

PREPARACIÓN:

Comenzamos preparando la mantequilla avellana como vimos en la entrada de los "financiers", o en su caso si tenemos prisa derritimos la mantequilla, ya que se tiene que entibiar.      

En un bowl mediano mezclamos y tamizamos la harina, el polvo de hornear y la sal. Reservamos.


 
En el bowl de la KA con el accesorio de globo a velocidad media-alta, o en un bowl grande con las barillas de la batidora de mano, montamos los huevos, con las yemas y el azúcar hasta conseguir una masa cremosa y pálida.

Añadimos la mezcla de harina y con una espátula de silicona, con movimientos envolvetes de arriba a abajo, vamos incorporando hasta conseguir una mezcla homogénea.

Añadimos la mantequilla derretida y tibia y volvemos a mezclar de la misma manera hasta que toda esté integrada.

Pasamos a una manga pastelera la masa y llevamos al frigorífico durante al menos 1 hora.




Precalentamos el horno a 190ºC, calor arriba y abajo.

Engrasamos y enharinamos bien el molde, aun cuando como sea como el mío antiadherente, pues las madelenines debido a los surcos de la cara de la concha tienden a quedarse pegadas.



Repartimos la masa en las cavidades, rellenando unas 3/4 partes de cada una y llevamos al horno precalentado en la zona mas baja.

Mantenemos unos 5-7 minutos, hasta que la madeleine se esponje y engorde creando la barriguita típica, y pasamos a la zona media del horno. Ojo no cambies la posición hasta que las veáis que han crecido totalmente, y con mucho cuidado de "no asustar la masa" para que no se nos baje.



Dejamos en el horno hasta alcanzar los 10-12 minutos en total. Para las mini madeleines no es preciso colocar la bandeja en la zona baja del horno y modificar la posición, ellas solas crean esa barriguita. Con unos 7 minutos están hechas. Pero cada uno conoce su horno, así que probad vosotros mísmos el tiempo ideal.

Cuando estén horneadas, sacamos del horno y volcamos la bandeja sobre una rejilla enfriadora, donde las dejamos enfriar.




Una vez frías espolvoreamos con azúcar glass.

Se mantiene en buen estado 2-3 días, a partir de ese momento comienzan a secarse un poco.  


 
Deliciosas como diría aquel, "a cualquier hora". Además las "mini" te permiten tomarte el capricho de alguna tentación sin demasiados remordimientos.

VIRGINIA
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